viernes, 10 de agosto de 2018

Otro verano más

Uno regresa de las vacaciones pensando que habrá sido mejor y que habrán disminuido los ingresos y accidentes y se encuentra desbordada y con el Hospital lleno de pacientes lesionados por las causas habituales.

Un simple virus, caída, tropiezo o desvanecimiento pueden cambiar la vida para siempre. Por suerte cada año ingresan menos pacientes con lesiones producidas por zambullidas en mar, río, piscina. Creo que las campañas de cada verano lo favorecen.

A pesar de lo que supone adentrarnos en tantas nuevas "historias" de vida de golpe, uno viene con las pilas bien cargadas y eso lo hace más fácil y llevadero.Cada nuevo ingreso supone un reto para los profesionales, supone revisar también nuestras propias vidas y prioridades y reafirmarnos en nuestra creencia de que la vida merece la pena ser vivida tras la lesión.Es más fácil de abordar si uno lo cree así porque va a tener que hacer frente a muchos familiares "destrozados" que en esos momentos solo piensan que lo sucedido es lo peor que les ha podido suceder. Familiares que creen que lo suyo en particular es una injusticia porque los pacientes no se merecen eso y que no le vengamos con historias de que :

- de todo lo malo se saca algo bueno
- uno no sabe de lo que es capaz hasta que lo intenta
- que Dios no le de a uno todo lo que pueda soportar
- que se asiste a un crecimiento postraumático donde la vida y valores cobran otra dimensión

Comentaba un familiar hace dos días que se levantaba "cabreado" todas las mañanas porque no comprendía que a su padre, el más bueno del mundo, le hubiera pasado algo así.

Tomemos nota de los niños que se acercan a la lesión de otro modo. Son pequeños sabios que saben captar bien la esencia de la vida. Son ellos los que nos enseñan que la vida es lo que importa y que la silla no es más que un "juguete" o atracción, una especie de tiovivo en el que se pueden montar. Cada vez que los papás se acuestan y dejan la silla libre, se suben a ella y disfrutan.

4 comentarios:

Milagros LÓPEZ VERNET dijo...

Los niños ven la silla como un medio para....jugar, moverse, correr, voy a ver qué hago con ella ....

Hace unos días, en un supermercado, un niño de unos 4-5 años me agarró de la barra trasera de la silla y me sujetaba allí a dónde yo fuera todo alegre como un juego.

Los mayores ven la silla como... un ya no puedo, no me queda más remedio, me van a ver en una silla.....

Afrontando la lesión medular dijo...

Cuando quien os mira o toca la silla es un niño, no os importa, otra cosas es que sea un mayor con actitud paternalista o que os aparte (incluida silla) como quien desplaza un objeto.

Se oye mucho la expresión "se va a quedar o se ha quedado en una silla", como a quien lo condena a prisión.

Dedicaré una entrada en breve sobre el tema para que se entienda mejor lo que quiero decir.

La Chica del Jardín dijo...

Hacía días que no escribía...

Es curioso, la otra tarde noche, se nos sentó un chico en la mesa, un tanto especial, muy sensitivo, sale poco porque la gente no le gusta; sin embargo se acerco y se sentó con nosotros, se sentía bien, decía lo mucho que aprendía con nosotros... pero si somos normales... pero hablaba de la aceptación a la nueva situación

Curioso, pero no me parece tan increible, en nuestro barrio (esto parece un pueblito) donde todos nos conocemos, Manuel es de los más queridos, todo el mindo nos saluda y nos habla ¿por qué? serán las VIBRACIONES...

La sobrina de Manuel tiene un tacto especial con el, siempre quiere ir con él llevando la silla, a pesar de que se canse... Los niños son especiales y es estas cosas lo demuestran sin querer

Besos mil

Afrontando la lesión medular dijo...

Estoy segura de que transmitís buenas vibraciones como lo hacíais aquí. Siempre seréis una pareja especial. Es afortunado ese chico "sensitivo" que ha sabido captar lo verdaderamente importante más allá de las apariencias. Ya sabes "Lo esencial es invisible a los ojos".