miércoles, 30 de septiembre de 2020

VIII Certamen de Cuentos Cortos : Cuentos presentados

NOTA : Esta entrada solo está para colgar los relatos. En ella no se pueden hacer comentarios.

 Cuento nº 1  "Yo contra mí" 


Cuántas veces hemos escuchado el refrán : " Uno no sabe lo que tiene, hasta que lo pierde "

Y lo llevamos siempre al mismo término, dándole solo sentido a cuando se pierde el amor.

Sin embargo, el refranero español es muy sabio, y yo, debo de llevármelo, a mi YO CONTRA MI.

Desgraciadamente,  estar en esta situación con minusvalías, ya sean por accidente o por enfermedad,  me hace pensar en mi vida antes de este estado, y a valorar la vida de una manera diferente. 

Vida, que estaba llena de trabajo, con muy poco o casi ningún tiempo para los míos, e incluso, para mi. Y que me obligó a parar en seco, a punto de morir, luchando contra la muerte día a día, hasta llegar a superarlo y vencer la vida.

Y comenzar a vivir esta vida, de una nueva oportunidad, vista desde otra perspectiva. 

Lo primero de todo es afrontar, que si has llegado a este punto, es por algo que debería de cambiar,  en la vida que llevaba.

Lo siguiente, es la aceptación de mis carencias, y aprender a vivir con ellas de la mejor manera posible.  

Porque el impedimento está solo en aquel que no acepta su incapacidad. Tener alguna minusvalía, no implica poder ser feliz.

Elena García                              Hospital Nacional de Parapléjicos,  18 de Septiembre


Cuento nº 2  "Nuevos acordes"

 

Aún recuerdo con cierta mezcla de tristeza y rabia, cuando en más de una ocasión te he escuchado, en voz baja, decir estas palabras: "siento que no puedo más".

En otras ocasiones, te he visto enfrentándote a nuevas dificultades y reveses, acercándote al abismo de la rendición, repitiéndote una y otra vez "porqué a mí".

También me cuentas, como más de una vez, te dictan éste ¨sencillo¨ consejo:

"Tienes que asumir la situación, es lo más adecuado para enfrentarte a tu nueva realidad".

Toda ésta sinfonía de realidades, siempre iba acompañada de débiles acordes, construidos con una orquesta de un sólo componente, un instrumento poco afinado y sin contar con la necesaria batuta de un director.

Llegado a éste punto, despertaste y te diste cuenta que no habías buscado el camino a seguir hacia la salida.

A partir de ese momento, abriste tu corazón y tus oídos a una música diferente, con más variedad de instrumentos y sonidos, muy bien coordinados y cuidados por un experimentado director.

Rompiste con esa soledad voluntaria, te dejaste acompañar por notas esperanzadoras y nuevos músicos, permitiéndote entonar una nueva melodía acompañada con ésta bonita letra: "Quiero luchar y ganar con vosotros y por vosotros".

 

Epílogo:

Éste pequeño relato transmite la evolución de sensaciones y sentimientos que se han producido en la transición de la enfermedad.

Desde la no asunción de la realidad y la lucha individual, hasta llegar a admitir el abrigo de la familia y la inestimable ayuda de los profesionales

Javier lázaro de la Calle                              Laguna de Duero (Valladolid), 19 de Septiembre


Cuento nº 3  "La maravilla del destino"

El destino nos tiene preparados senderos por la vida que no podríamos ni imaginarnos y no por ello, dejan de ser algo maravilloso. 

Pues bien, este destino,  nos tenía preparado a dos personas,  separadas por más de 500 km y 22 años de edad, una amistad,  que se convertiría en hermandad.

Esta es nuestra historia, la de Elena y Cristina, llamadas en el Hospital de forma cariñosa, "Las Infantas ".


Ambas ingresamos juntas en la UVI, y a pesar de que a Cristina la subieron pronto a planta, compartimos habitación. 

Hemos compartido momentos muy duros, física y psicológicamente, pero siempre hemos estado apoyadas la una en la otra.

Nos convertimos sin darnos cuenta casi en un mismo ser. Apoyándonos y animándonos, en esos momentos duros de la vida. 

Y así es como juntas hemos descubierto, que no sin esfuerzo, pero si con ganas, somos capaces de seguir haciendo cosas maravillosas y que se puede ser feliz a pesar de las carencias. 

Hemos aprendido una de otra y juntas hemos llegado a hacer cosas cotidianas,  parece simple,  pero cuando estás tetrapléjica como Cristina  y tienes paralizados los brazos como yo, esto es un verdadero reto.

Pasamos nuestros ratos yendo a pintura, o simplemente tomando café y haciendo algún Tik-Tok, en definitiva sacando el lado positivo de las cosas. 



Ahora somos hermanas y, a pesar de que a Cristina ya le dan el alta, siempre estaremos juntas.

Suerte compañera en tu camino, nos veremos pronto. 

Tu hermana. 


Elena García                                           Hospital Nacional de Parapléjicos,  28 de Septiembre


Cuento nº 4  "El Vagabundo"

Sentado en un banco, sin fuerzas para levantarse, sabe que va a morir de frío, no ha comido, arde de fiebre pero no tiene miedo. Hace tiempo que desea la muerte.
Trata rememorar su vida, una vida de fracasos, aunque le resulte doloroso. A nadie le gusta reconocer su mediocridad.
Recuerda que la niñez  fue el periodo de su vida en que conoció lo más parecido a la felicidad. El resto sólo fue una lucha encarnizada para superar su inutilidad mezclada con la tozudez de los que se empeñan en mantener vivos sus sueños.
Había estudiado, trabajado, se había casado y tenido hijos. ¿Qué habrá sido de ellos?.
Cuando se jubiló y vio que hacia daño a su familia dejó las llaves de su coche y de su casa, cerró la puerta, salió a la calle y, durante cinco años,  anduvo errante, buscando comida en los contenedores de basura, durmiendo sobre cartones y vistiéndose de la ropa que robaba en los tendederos.
Cayó la noche y se durmió sobre el banco soñando que había tratado de ser un buen hombre.
El  agente de la policía que encontró su cadáver se sorprendió al ver la sonrisa de felicidad.


Felipe Vila                                                              Málaga, 19 de Octubre de 2020



Cuento nº 5 "Relatar"

Relatar cómo se produjo tu lesión medular, no es muy habitual. Todos llevamos dentro el doloroso recuerdo de esos trágicos momentos. Lo haré porque existe un sentimiento común, entre muchos lesionados medulares y enfermos graves de coronavirus.

Cuando oigo que los enfermos de covic, mueren sin la compañía de sus seres queridos, no puedo dejar de recordar aquella situación que viví.

Tuve un accidente laboral, en una obra. Perdí la conciencia, cuando la recobré, advertí que tenía roto el esternón, las piernas paralizadas, fractura de escápula, costillas rotas, fractura de tibia y peroné, un golpe en la cabeza que me provocó mareos durante tiempo. Muy malito.

Les parecerá imposible, pero no tenía dolor, era muy consciente de la gravedad, pero no sentía miedo por ello. No era valentía, la adrenalina bloqueaba esas sensaciones.

Pero tenia una desazón terrible, una gran pena, porque pensaba que no podía despedirme de mi familia. Ni transmitirles mi gratitud, sin un adiós, invadido por la tristeza, pedí a mis abatidos compañeros de trabajo un teléfono, realmente fue un gran alivio poder llamar a casa.

Por ello, un acto de humanidad muy importante para mi, es ver que los sanitarios conectan por teléfono los enfermos graves de covic con sus familiares.


Mariano Rivera                          Calera y Choza (Toledo), 22 de Octubre de 2020



Cuento nº 6       "Si sonríes a la lluvia, el sol saldrá para sonreír contigo"


Nació en julio y crecía rápido, sus plumas y sus alas cada día más fuertes y bonitas.

Aprendió pronto a volar porque era inquieta y rebelde. Amaba el sol y le ponían triste los días lluviosos.

Le protegía mamá pero poco a poco dejó de escuchar esos consejos que le impedían volar libre y que no conseguía entender bien.

Comenzó a moverse sola por lugares peligrosos, con vientos fuertes que complicaban sus vuelos. Se magullaba a menudo contra árboles y edificios, sus alas se dañaban y no se ocupaba de repararlas, era fuerte y podía seguir volando.

Pero empezaron a agobiarle las mismas rutas, las que  recordaban el dolor de cada golpe. Decidió irse lejos, cerca del mar, era un gorrión con alma de gaviota.

No imaginaba que el golpe allí iba a ser tan fuerte, sus alas se quebraron para siempre.

Tuvo que regresar, junto a los suyos el sufrimiento sería menor. Supo que no podría volver a volar,  pero también descubrió que con el agua de esa lluvia que nunca le había gustado, podía limpiar las heridas, las nuevas y las que habían cerrado en falso y aún supuraban pus.

Empezaron a formarse cicatrices,  algunas muy visibles pero tan bien curadas y tan fuertes que parecían dibujadas, como tatuajes.

 

Mamen Movellán                                       Argés (Toledo), 22 de Octubre de 2020


Cuento nº 7         "El don del viejo Andrés"


Había una vez un anciano que vivía en un pueblo de La Mancha. Se llamaba Andrés y decían que siempre había sido viejo. La señora Julia, que superaba la centena, no se sabía en cuanto, lo corroboró incluso en un programa de la televisión autonómica con estas palabras:

“Si, si hija. El señor Andrés ya era anciano cuando yo iba a la escuela. Así es. Sí”.

Quizá para contrarrestar esa peculiaridad, la vida había dotado al viejo Andrés de otra igual de extraordinaria: aliviaba el corazón de la gente. Los del pueblo acudían a él cuando la vida los llevaba a situaciones de esas que se parecen a un cruce de caminos sin salida. Mujeres y hombres, pobres y ricos, escépticos y creyentes, todos lo que hablaban con él, sentían desahogo y consuelo según iban describiendo su encrucijada. Decían que el viejo veía con claridad ese sitio, lleno de niebla, en el que todos hemos estado alguna vez. Lo hacía dejando hablar, esforzándose por entender el matiz que cada hablante da a cada palabra. Eso era todo. Una vez más la señora Julia lo confirmó: 

“Así es hija mía, el viejo Andrés sabía escuchar como nadie”.


(A mis compañeras, a las que ni he sabido ni sé escuchar como es debido).


Sol Villanueva                              Hospital de Parapléjicos, 22 de Octubre de 2020



Cuento nº 8                    "El Cambio"

Pablo está frustrado y con ganas de estudiar pero su padre, alcohólico y egoísta, le obliga a trabajar para traer dinero a casa. Escapa corriendo y sin mirar atrás. “¡Lo siento, pero necesito vivir mi vida!”, dice sollozando.... Cuando llega a la estación, usa su carnet falso para irse a Madrid. Trabaja durante dos años precariamente, pero con fuerza de voluntad para pagarse la universidad: estudia Psicología. 

Vuelve a su pueblo para visitar a su hermano pequeño, quien le echa de menos. Pablo promete volver a buscarlo y se va triste por el enorme egoísmo de su padre.

En la universidad, Pablo conoce a Olivia. Le entiende y conectan muy bien. Pasan los años y vuelve para recoger a su hermano. Se dan un abrazo emotivo y acuerdan vivir juntos para recuperar el tiempo perdido. Su hermano también estudia Psicología y se asocian para crear una clínica.

Un día cualquiera viene una persona muy importante a la clínica: su padre. Se quedan estupefactos, petrificados. Observan que ha cambiado : ha ido a rehabilitación. Está trabajando, tiene pareja,  es más humano, menos egoísta. 

Los chicos se dan cuenta de que le añoraban y le invitan a entrar de nuevo en sus vidas.

 

Martín Dominguez (13 años)               Málaga, 22 de Octubre de 2020



Cuento nº 9                            "Carandirú"

Sala de visitas de presos en Carandirú. Con la frente perlada, el abogado nota cómo el sudor resbala abundante por su espalda. Sentado frente a su cliente, observa asombrado cómo puede ser él quien suda a mares. Debería ser al revés.

Está adiestrado para defender a quien le contrata, sin cuestionarse nada más. Esta vez no sabe si será capaz. Frente a sus ojos, los de un psicópata. Alguien capaz de arrasar miles de hectáreas de bosque amazónico: incontables especímenes de fauna y flora que tímidamente trataban de sobrevivir en su cada vez más reducido paraíso.

El alma del prestigioso letrado se debate agónicamente entre el deber de defender a su cliente y sus firmes convicciones de proteger la exuberante naturaleza de su tierra.

Y encima no hay resquicio de remordimiento en esos ojos.

Todo tiene un límite: sin mediar palabra, se levanta para alejarse sin mirar atrás. Adiós a su carrera. Probablemente sus compañeros jamás comprendan su decisión, pero no son ellos los destinados a vivir en su pellejo hasta el fin de sus días. De nuevo al aire libre respira aliviado, podrá dormir por las noches y mirarse al espejo sin sentir náuseas.


Elena Vila                                 Málaga, 22 de Octubre de 2020


Cuento nº 10               "Otra cara de la pandemia"

Los delfines no dan crédito. Sus abuelos contaban que hubo un tiempo en que ningún barco con motor cruzaba sus aguas. Los jóvenes pensaban que seguramente chocheaban, porque desde el día en que ellos nacieron no podían recordar ni un solo día sin ese "runrún" maldito por todas partes. Son su mayor pesadilla. Los veleros los toleran: en definitiva tienen aletas como ellos, no hacen ruido ni contaminan. Pero los barcos a motor son abominables y los delfines no conciben que sus ancestros hayan conocido una vida sin ellos.

Algo muy raro ha debido pasarles a los humanos porque casi han desaparecido de la faz del agua. Así, zas, sin previo aviso. ¡Una bendición!. Domina un silencio reconfortante, interrumpido solamente por sonidos puramente del mar: una ballena cantando, los dialectos de los moluscos, en fin... el mundillo submarino. Cuando los delfines se acercan a la superficie para respirar, notan que también han desaparecido las enormes embarcaciones del aire. ¡Qué gozada!.

El agua está extraña: limpia, cristalina, huele mejor. Flota una energía distinta: todo el mundo más animado, vital, optimista…, una sensación general de que todo va a mejor.

Curiosa la vida: da un vuelco en el momento más inesperado.

 

Elena Vila                       Málaga 22 de Octubre de 2020


Cuento nº 11  "Marita"

Marita murió en su casa de Santa Cruz de la Sierra el 13 de enero del 2020. Ese mismo día, el 18 del mes Yumada al-Wula de 1441, yo ingresé en un hospital de Riad. Días después, en medio de mis alucinaciones y bloqueo físico, vi como Rami, el marido de Marita, vino a visitarme varias veces a la UCI. Entraba y se sentaba frente a mi como en un taburete de bar. Apoyaba los brazos en la barra, que era el mostrador de enfermería, y me miraba. Yo le decía mentalmente: ya sé, ya sé lo que vienes a decirme. Así fue como supe que mi amiga había muerto. 

 Marita, según su pasaporte María Leonor Roca Chávez, era pura energía. Era intensa, generosa. También era ocurrente y perspicaz. Tanto, que resultaba chistoso que su marido la llamase, bebé. 

En aquellos días de enero mi conexión con ella se elevó y se hizo más estrecha. Después de ver a Rami imaginé a Marita, por encima de mi, sonriente y diciéndome: ¡vamos niña Sol! ¡vamos! Su recuerdo y sus palabras me siguen motivando. 


Sol Villanueva                   Hospital de Parapléjicos, 24 de Octubre de 2020


Cuento nº 12                           "Cerca"


Qué nostalgia da pensar, cómo escuece a veces.

¿Te acuerdas de cuando podía sentarme a tu lado en la cama, coger tu mano o poner la mía sobre tu hombro mientras te hablo? Era algo casi especial. Tú te sentías comprendido y apoyado; para mí era el punto de anclaje que me hacía sentir que te estaba ayudando y, a veces, olvidar que estaba dedicándote más tiempo del que me dejan para ti.

Siempre he visto un poquito de empatía en estas cosas que hace muchos meses podía hacer. Ahora vivimos en un momento en que es mejor que te toque lo menos posible y si he de hacerlo, tendrá que ser a través del látex de un guante. Aun así, quiero que sepas que sigo igual de cerca de ti. Créeme cuando te digo que, si me necesitas, sostendré tu mano como si de una pieza de porcelana se tratase. Quizá solo sea capaz de mostrarte mi compasión con palabras o que no sientas igual el calor de mi piel al tocarte. Puede que ni siquiera sepas cómo soy tras esta armadura de plástico que me separa de ti; pero no lo dudes. Estoy aquí.


Irene Rodriguez                              Tomelloso (Ciudad Real) 26 de Octubre de 2020


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