miércoles, 28 de enero de 2015

"Un minuto mágico"

Otro "minuto mágico"  : Cuando los narcisos empiezan a brotar cada invierno

Hace tiempo que descubrí este hermoso relato que hoy quiero compartir con los seguidores del blog.

Fue escrito por  Juan José Tortosa Beltrán que recibió el Premio especial del Jurado en la segunda edición de "Los Mejores Relatos Breves Juveniles de la provincia de Alicante"de 2007


"Un minuto mágico"

Hoy, 2 de Febrero, estreno una nueva semana en la que continúo mi andadura dentro del Colegio Lo Morant. Son las 9.40 de la mañana y ya estoy dentro de mi clase, escuchando a lo lejos el motor de los autobuses que nos acaban de traer. El día empieza con la rutina de siempre : el que puede cuelga la chaqueta y, antes de hacer lo mismo con la mochila, saca de ella su bocata y lo deja  junto al de los demás compañeros.

Mientras físicamente sigo inmerso participando en la cadena de hábitos diarios, mi conciencia se eleva sobre el tiempo y el espacio para detenerme durante un instante eterno en reflexionar qué pinto yo aquí. Hace casi cuatro años que vivo en un mundo paralelo al de mis compañeros. coincidiendo con el rango de edad en el que nos movemos y en el carácter permanente de nuestras limitaciones. Sí, estamos en un colegio de educación especial, todos somos adolescentes de entre dieciséis y veintiún años y todos tenemos algún tipo de discapacidad o discapacidades que nos acompañarán siempre formando parte de nuestro equipaje en este viaje que es la vida. Y si, a pesar de las cosas que tenemos en común, y de todo cuanto compartimos, un matiz separa nuestros caminos aunque mi cuerpo esté igual o más jodido que el de mis compañeros el coco siempre me ha funcionado bien. Me llamo Juanjo, terngo diecinueve años y sufro una enfermedad degenerativa llamada ataxia telangiectasia que únicamente ha dejado intacta mi capacidad mental, gracias a la cual he podido observar cómo ha ido cambiando en mí físicamente.

Me ha costado aprender a convivir con ella pues al principio su naturaleza insidiosa caminaba sigilosamente dentro de mí, sin hacer ruido, dejándose ver, solamente, a través de las innumerables caídas que desde pequeño he tenido. Por este motivo, apenas cumplido el año, comenzamos a visitar a un especialista tras otro hasta que, pasada una década y después de haber celebrado mi décimo tercer cumpleaños, el doctor Carratalá logró desenmascarar el escondite de mi patología aportando su diagnóstico y el proceso por el que tenía que pasar. Este hecho fue la gota que colmó el vaso. Fue un jarro de agua fría que dejó evidente lo que tanto tiempo había permanecido latente.

No acierto a encontrar palabras que sirvan para describir los sentimientos de rabia y frustración que me invadieron al pensar como, justo a los trece, la enfermedad decidió destrozar mi vida atrofiando mi musculatura hasta el punto de dejarme postrado en una silla de ruedas dos años más tarde. Siento la necesidad de expresar la agitación y el malestar que me han tenido preso hasta hace poco tiempo y creo que la manera más gráfica de hacerlo es viajando a algunos de los momentos más especiales de mi historia pasada. El bombeo emocional de mis latidos será el que elija el orden en el que aparecerán mis recuerdos. El primero de ellos es el abandono del fútbol, que también sucedió cuando tenía trece años. ¡Fue una gran putada! porque pasé de practicar mi deporte favorito a casi no poder andar ni cinco metros seguidos. precisamente la incapacidad para moverme con independencia, poco a poco, fue dando jaque a mis amistades más cercanas, pues ya no podía participar en las actividades típicas de los chavales de mi edad. Lo siento pero tengo que descansar. Estoy aturdido.

Al seguir refrescando la memoria, una serie de torrente de sensaciones se agolpa en mi corazón esperando a que mi mente abra sus puertas para convertirlas en palabras que sigan dando forma a mis experiencias pasadas. Dos de ellas atraviesan en primera posición llegando a la meta final de este recorrido: mi lápiz. Las dibujaré a fogonazos, como las siento. Por un lado,reviviendo las inacabables caminatas que con tres años me daba por la arena para mejorar mis tropiezos que por aquél entonces, los médicos, dando palos de ciego achacaban a un problema de inseguridad. Y por otra la humillación que sufrí a los catorce años al ser degradado dos cursos por debajo de mi edad evolutiva y cognitiva descendiendo hasta primero de E.S.O. Esta decisión fue adoptada por mi entorno  más próximo, profesores y familia, y por mí mismo, con la intención de continuar escolarizado y a la vez protegido en mi colegio de toda la vida. De esta manera esquivaba el reto del instituto, que suponía luchar contra la vergüenza y envidia que sentía al estar con chavales normales. o sea, como yo mismo antes de cumplir los trece años.

Casi sin darme cuenta salgo de esta meditación y regreso al momento presente, conducido por la sutil y dulce caricia que me regala Mar, algo más que una compañera del cole. Miro el reloj y son las 9.41. me sorprendo al comprobar cómo mi conciencia, en tan sólo sesenta segundos, ha observándolos principales detalles de mi vida lo cual me está llevando días plasmar en este papel a base de estrujarme mucho la mollera

A lo largo de estos dos últimos años, quizá de cara al exterior haya reflejado la rebeldía de siempre.pero interiormente, mis compañeros, aún estando más perjudicados que yo, con su ejemplo de alegría y superación personal han  despertado mi empatía hacia ellos   la piel de mi egoísmo. Actualmente, me siento motivado al invertir mi tiempo inventando historias donde mis compañeros dan vida a sus protagonistas a través de dramatizaciones teatrales.

Después del minuto mágico de reflexión vivido puedo confirmar lo que hasta hace poco dudaba : pinto mucho aquí!...más por lo que recibo que por lo que doy.

Si hace dos años me hubieran ofrecido la posibilidad de cambiar la vida que he tenido hasta ahora por otra sin enfermedad lo hubiera aceptado sin dudar. Para mí la enfermedad era como un gigante leñador cuyos hachazos me provocaban heridas cada vez más profundas y difíciles de curar.Hoy en día veo a la enfermedad como a un experto escritor que está utilizando su arte para modelarme hasta extraer todo lo bueno que hay en mí. Me he dado cuenta de que si borro todo este duro y largo periplo de mi vida, tal vez estaría borrando gran parte de mi personalidad. Pensar en mí sin mi enfermedad es pensar en alguien que no soy yo.

Mientras intento poner fin a estas reflexiones percibo como me envuelve una mirada triste que no solo me ha dado la vida sino que ha sentido el peso de la enfermedad con más intensidad que yo mismo

Si, mamá, tu eres la fuerza que me ha animado a escribir estas palabras que espero que hoy  te contagien la paz que habita dentro de mí. A ti van dedicadas porque me quisiste, me quieres y me querrás siempre, porque me cuidas, por esto y mucho más.

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