martes, 3 de abril de 2018

Resiliencia, empoderamiento y diversidad funcional

La semana pasada se me pidió colaboración en un estudio de investigación que se está llevando a Cabo en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo.

Revisé, entre otros, un artículo de interés que quiero compartir con los seguidores del blog. Se trata  de ver la relación entre la resiliencia, a la que ya he presentado en esta ventana, y el emponderamiento en los casos de personas con diversidad funcional.

En el campo de la Salud, uno de los objetivos específicos del  Programa Health 2020, de la Organización Mundial de la Salud (OMS), es el empoderamiento tanto de los ciudadanos como de los pacientes. Se considera que el empoderamiento y la atención centrada en el paciente son elementos claves para mejorar los resultados en salud, aumentar la satisfacción de los usuarios, mejorar la comunicación entre los profesionales y pacientes y obtener un mayor cumplimiento de los planes terapéuticos.

El papel del empoderamiento y la diversidad funcional

El empoderamiento hace referencia al potencial de cada persona para alcanzar objetivos y metas por ellas mismas.El proceso de empoderamiento significa vencer una situación de impotencia y adquirir control sobre la propia vida a través de las capacidades y recursos del individuo.

A pesar de que muchos lesionados medulares no comparten el término "diversidad funcional", es un término muy aceptado en diferentes estudios como el que nos ocupa.

La diversidad funcional puede ser definida como la diferencia de funcionamiento de una persona al realizar las tareas habituales (desplazarse, leer, agarrar, ir al baño, comunicarse, relacionarse, etc), de manera diferente a la mayoría de la población, repercutiendo la situación de forma diferente en la calidad de vida en función de multitud de variables que incluyen factores contextuales, personales y propios  de la tipología de diversidad funcional que se tenga.

La resiliencia es un constructo que ha adquirido creciente relevancia e interés en la comunidad científica y que se define como la capacidad del individuo para afrontar situaciones de adversidad o experiencias de vida negativas y salir fortalecido de ellas, permitido desarrollar competencias sociales, académicas, y vocacionales, pese a estar expuestos a situaciones de estrés y dificultad grave.

El empoderamiento y la resiliencia guardan una estrecha relación, reflejándose en la aceptación de uno mismo y de la vida y de la competencia social, que son las dimensiones que mayor peso o relevancia cobran en el desarrollo de la mayoría de los factores que conforman el empoderamiento.

De los resultados del estudio se desprende , en primer lugar (un primer grupo), la existencia de un perfil de personas con diversidad funcional que poseen bajos niveles de resiliencia en los tres componentes de la misma estudiados :

- Competencia social
- Aceptación de la vida y de uno mismo
- Autodisciplina

Este grupo de personas con diversidad funcional tendría un peor ajuste psicológico y en la calidad de vida en general.

Un segundo grupo con un perfil con altas puntuaciones en Competencia Social y Aceptación de de la vida y de uno mismo y bajas en autodisciplina.

Un tercer grupo  con altas competencias en las tres dimensiones.

2 comentarios:

Juanjo Muñoz dijo...

Me inclino por el tercer grupo,pero.... para mi quizás la Competencia social no me es importante,doy mas valor a la aceptación de la vida como es, y como no una Autodisciplina para llevar a cabo todas las metas que nos propongamos siempre dentro de una lógica.

SALUDOS

Afrontando la lesión medular dijo...

Afortunados los del tercer grupo. Salir reforzados del trauma es todo un logro.

Esa autodisciplina nos la debemos de aplicar todos los diversos.

Gracias, Juanjo.