jueves, 24 de febrero de 2022

Aprender a aceptar la imperfección

 


 Necesitamos una motivación para poder vivir. La motivación es la energía que nace en el pecho y que pone en marcha todo nuestro ser, la voluntad que nos permite perseverar a pesar de estar cansados, el guía que nos indica en qué dirección tenemos que caminar.

 A lo largo de tu vida te encontrarás cara a cara con diferentes motivaciones. Alguna de ellas las habrás elegido tú, otras no. Algunas despertarán lo mejor de ti, otras lo peor. Y, lo que es aún más importante, algunas de ellas serán válidas y otras no, porque lo que hoy te mueve, mañana puede dejar de hacerlo. Lo bueno es que de la misma manera, cualquier día pueden aparecer motivaciones nuevas que te permitirán llegar a otros destinos, destinos que jamás imaginaste. 

La gente suele perseguir tres objetivos en la vida sin saber que, en realidad, no son más que quimeras, ilusiones, espejismos generados por nuestra ambición. ¡Todos queremos ser felices, tener éxito y poder disfrutar de una vida perfecta! La primera de las quimeras es creer que tendremos una vida perfecta. Queremos que nuestro trabajo sea perfecto, que nuestro jefe sea perfecto, que nuestra pareja sea perfecta, que nuestras relaciones sociales sean perfectas; en definitiva, que nuestra vida sea la muestra más clara de perfección absoluta. Pero, en la búsqueda de esta perfección anhelada, nos olvidamos de que la vida si es algo es que es imperfecta. Convivimos con enfermedades, desengaños y estafas. Vivimos sueños que no se cumplen, castillos construidos en el aire que se desmoronan, pasamos por despidos, sufrimos decepciones y vivimos finales. La vida es como es, no como nosotros queremos que sea. Esa búsqueda del éxito y de la perfección es el origen de dos de los grandes pesos que cargamos sobre nuestros hombros: la tristeza y la ansiedad. Mientras buscamos la perfección, el éxito y la felicidad, no disfrutamos del camino. 

Vivimos en el futuro, no en el presente, deseando que ocurra algo que no va a ocurrir nunca o  que, si llega a ocurrir, será tan efímero o tan poco ajustado a nuestras expectativas que tanto sufrimiento y esfuerzo no merecerán la pena. ¿Y a qué nos lleva todo esto? A que acabamos instalados en un estado de ansiedad continuo, buscando desesperadamente la felicidad. Probamos una y mil estrategias para conseguirla, cambiamos de trabajo una y otra vez buscando el trabajo perfecto, cambiamos de pareja esperando encontrar a nuestra media naranja, cambiamos nuestro coche por uno nuevo mejor que el anterior, y esa búsqueda continua nos genera unos niveles de ansiedad que no nos permiten disfrutar de todas las cosas «imperfectas» que tenemos. 

Buscando la perfección nos perdemos los tesoros sencillos e imperfectos de los que podemos disfrutar intensamente. »Y al final, llega un día en el que la búsqueda termina. A pesar de que nos autoengañamos una y otra vez tratando de vivir nuestro sueño y de movernos por una especie de decorado artificial, llega un momento en la vida en el que nos damos cuenta de que hemos malgastado nuestro tiempo buscando algo inalcanzable y descubrimos que no hemos vivido nuestra vida, y de que hemos sacrificado nuestra juventud persiguiendo una quimera. En ese momento aparece la tristeza. »Y cuando esto ocurre, vivimos esta revelación como una crisis, y, enceguecidos por el negro velo de la tristeza que todo lo cubre, tomamos decisiones equivocadas, impulsivas y nos lanzamos desesperadamente a buscar algo que llene el vacío que sentimos. La rabia, la ira y el odio se apoderan de nuestro ser, e, incapaces de gestionar los sentimientos que vienen acompañados de esta revelación, caemos en el rencor y en el resentimiento, y perdemos perspectiva. »La sensación de vacío se apodera de nuestros corazones y secuestra nuestras mentes. La melancolía lo tiñe todo , y abre la puerta a sentimientos como la culpa, la vergüenza o el miedo.

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