jueves, 25 de junio de 2020

Los que nunca se rinden

El pasado domingo publicaba esta entrada centrada en la figura de Carmen Movellán


Hoy la traigo de nuevo al blog a propósito de su colaboración en este libro "Los que nunca se rinden".




El libro recoge 58 «historias con alma», entre reportajes, entrevistas y crónicas realizadas en los últimos siete años, cuyo hilo conductor es la superación personal de sus protagonistas.


https://www.abc.es/espana/castilla-la-mancha/toledo/ciudad/abci-periodista-manuel-moreno-recopila-libro-historias-superacion-201809112213_noticia.html



La vida y los sueños de Mamen en 582 palabras

“Hola,
Me llamo Mamen Movellán García. nací en Palencia y vivo en Toledo desde hace 15 años, cuando me trasladaron desde Tenerife porque un accidente de tráfico me produjo una lesión medular.
Vivía en la isla del Hierro y la tarde del 9 de mayo de 2002, volviendo a casa, sufrí un accidente; iba en el asiento del copiloto sin cinturón de seguridad. Una salida de la calzada, unas vueltas de campana y salí despedida del vehículo. Yo no recuerdo absolutamente nada, pero me contaron que un helicóptero realizó mi traslado urgente al hospital “Virgen de Candelaria” de Tenerife.
Casi un mes de coma inducido. En cuanto desperté y pude viajar, un avión medica Liza do me trajo a la península. Ya en el Hospital de Parapléjicos de Toledo se me informó de la lesión. Durante casi 9 meses de hospitalización tienes que aprender a vivir en una silla de ruedas, una vida diferente pero no tiene por qué ser peor. Desde entonces yo decidí ser feliz y cada día un poquito mejor. A mí personalmente la discapacidad me ha hecho más libre.
Supongo que siempre me gustó el deporte, porque la silla de ruedas no te convierte en alguien diferente, pero sí que se encarga de que afloren en ti valores y capacidades que estaban dormidas o poco atendidas. Hoy el deporte es uno de los motores de mi vida, mi mejor medicina. He probado casi todos los deportes adaptados, pero con mi lesión, una paraplejía completa motora y sensorial, a la altura de la dorsal 5 -es decir, a la altura del pecho-, la falta de equilibrio es mi peor aliado. Mi tronco carece de abdominales y lumbares, por lo que ni en baloncesto ni en tenis me desenvolvía demasiado bien. Mi último intento fue con el pádel, pero mientras entrenaba se me escapaban todas las peloteas; y las que conseguía dar con la pala, ninguna llevaba la trayectoria correcta.
Mis ojos se desviaban al fondo de las pistas, allí había una sala de musculación, yo sabía que adaptado no me iba a encontrar ningún aparato, pero me decidí a preguntar. Y allí encontré a Cesar, un monitor que se propuso ayudarme y que me sintiese cómoda. Lo consiguió. Levó 2 años sintiendo cada día, con los descansos que él me exige y las sobrecargas y lesiones me obligan a tenerlos.
Al mismo tiempo que entraba en el mundo de la halterofilia, conocí también a Miriam. Ella me habló de su proyecto, de formar un equipo de rugby en silla, y la idea también me enamoró. El rugby es un deporte destinado especialmente a personas con lesiones muy altas, tetraplejias o dorsales altas. ¡Eso sonaba muy bien! Mi lesión es una dorsal 5, pero tengo 49 años. Así que creo que encajo perfectamente en el equipo, que de momento solo consta de unos pocos jugadores, una entrenadora, algún preparador físico y con un montón de ilusión por sacar adelante nuestro proyecto. No tenemos nada más, necesitamos mucha ayuda y no parece que vaya a ser fácil. Sillas, equipa iones... Hasta hoy, a las puertas que hemos tocado, no nos han hecho mucho caso; parece mentira, porque luego les encanta colgarse medallitas.
Nosotros vamos a seguir en nuestro empeño, entrenando en las condiciones que se nos permitan, hoy por hoy poco adecuadas. Pero seguiremos hasta conseguir nuestro sueño y algún día lograr competir y dedicar nuestros triunfos a todos aquellos que nos apoyaron y creyeron en nosotros y a los que no, también.”



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