jueves, 4 de junio de 2015

Mujeres

Lluis Masriera i Ros


Cada vez son más las mujeres que ingresan en nuestro Hospital debido a factores que van desde:

- El aumento en la esperanza de vida que lleva a que cada vez superen la l.m. más mujeres en la última etapa del ciclo vital.

- Adquisición de lesiones de origen médico (vasculares, tumorales, mielitis, neurológicas, entre otras).

Ya he dedicado espacios en el blog a las mujeres tanto en lo que a lesionadas se refiere como a sus familiares. Son las mismas mujeres del Grupo de Mayores que dirijo las que comentaban el martes de la pasada semana que ellas llevan mejor que los hombres las pérdidas derivadas de la lesión y los estresores en general. No puedo evitar hacer otra vez un pequeño homenaje al que fue tachado durante tanto tiempo de "sexo débil"?.



Hoy vuelvo a dedicar nuevo espacio y cuelgo este enlace que me parece muy interesante y que en esta ocasión habla de una mujer que rompió con cánones establecidos. Me refiero a Simone de Beauvoir http://elrincondemisdesvarios.blogspot.com.es/2015/05/simone-de-beauvoir-si-somos-iguales.html

Dejo este texto de un post de Mónica Lalanda   "Los botones de mi madre : Una vida en botones"

porque creo que merece la pena compartirlo



https://medicoacuadros.wordpress.com/2014/08/11/los-botones-de-mi-madre/

"Deshacer la casa de tus padres es el siguiente escalón a enterrarlos, un duro trago que se hace con una mezcla de ternura, emoción y tristeza infinita. Es rescatar recuerdos, encontrar pequeños tesoros que no recordabas o que ni siquiera sabías que existían. Te sientes como un ladrón abriendo cajones cerrados con llave, como un intruso que husmea en intimidades ajenas. Encuentras tu propio pasado, recuerdos de infancia, la tuya, la de tus padres, incluso la de tus abuelos, mezclados con trazas de tus propios hijos, fotos, dibujos “para la mejor abuela”, tarjetas…. Podrías pasar días, semanas, quieres terminar de organizarlo pero también quieres que nunca acabe, que continúe como metáfora de aquel primer cordón umbilical, como esa última oportunidad de sentir su olor, todavía en los armarios llenos de sus ropas.
En una de esos ratos de lágrimas y de sonrisas, encontré los botones de mi madre, un enorme regalo para la imaginación y la reflexión. He pasado dos tardes clasificándolos, mirándolos, casi mimándolos y al final dejando plasmada su existencia en esta foto como un homenaje a la mujer excepcional a muchos niveles que fue mi madre. Pero muchos de sus atributos son comunes a una generación de mujeres, aquellas que fueron niñas de la guerra y la posguerra pasando hambre y miedo, adolescentes y jóvenes con una educación limitada (“ser médico es de hombres”), mujeres siempre a la sombra y tutela primero de padres y luego de maridos (la generación que ni siquiera podía abrir una cuenta en el banco o tener una propiedad si no era con un varón) pero excelentes economistas que eran capaces de ahorrar, de dirigir familias numerosas, fantásticas cocineras, cuidadoras dedicadas, maestras de vida. Mujeres que individualmente no han hecho historia pero que como generación trabajaron para levantar un país en ruinas y para que sus hijos fuéramos mejores y tuviéramos más que ellas mismas. Unas luchadoras.
Los botones de mi madre me han contado muchas cosas; he encontrado el pasado familiar en formas varias y materiales diversos: cuero, nácar, metal, madera, plástico….; leo historias en botones de los años 50 que reconozco en una foto amarillenta de mi abuela, los de las trenkas infantiles, ropa de fiesta, de batas de estar en casa, los del uniforme de gala de ingeniero agrónomo de mi padre, de las camisas de los babis del colegio, botones minúsculos de ropitas de bebé, botones forrados….hay cientos de botones, algunos preciosos, otros horribles. Resulta que en mi casa nunca se tiraba un botón, cuando una prenda se jubilaba, se guardaban los botones y se hacía trapos con la tela. Un eterno “por si acaso” y un constante “esto ha costado dinero”.Y en estos cientos de botones leo el salto generacional e intuyo cómo hemos cambiado y quizás, lo que hemos perdido.
Vivimos en una sociedad de usar y tirar, de “obsolescencia programada”, de reciclar como moda y no como costumbre, de no apreciar que las cosas cuestan un dinero, cuestan un trabajo y un esfuerzo; ahora somos de comprar y consumir a marchas forzadas. Consumistas pertinaces y obsesivos.
Vivimos en una sociedad siempre con prisas, descentrada, incapaz de parar a realizar tareas sencillas o poco llamativas, hemos dejado de encontrar placer en la simplicidad de las cosas, vivimos con un pie en la virtualidad de las redes sociales. Nuestra atención siempre dividida.
Vivimos en una sociedad en la que la palabra “ahorro” se vio sustituida por la palabra “crédito” hace tiempo, donde en vez de prever el futuro, reservar por si se necesita, se gasta por adelantado. No solo no se guardan esos botones sino que se compran botones sin tener cómo pagarlos.
Vivimos en una sociedad con las mujeres completamente incorporadas al mundo laboral, dejando en las casas ese hueco que nadie puede ni podrá cubrir (y que conste que a feminista no me gana nadie); nuestras madres, “de profesión: sus labores”, hacían esa función que aunque no reconocida ni pagada era inmensa y que a veces incluía reciclar botones y otras no faltar ni un solo día a abrirnos la puerta al volver del cole, o prepararnos la merienda, acudir a las funciones del colegio, ayudarnos con las tareas de “pretecnología”, echarnos mercromina en las rodillas o atendernos con el “tengo sed” de por la noche. Y no, hay cosas que solo una madre puede hacer como una madre, incluso el padre mas entusiasta y dedicado es un sucedáneo de lujo pero sucedáneo al fin.
Y creo que al menos mi madre no vivía frustrada ni alienada, al revés, sabía que hacía su trabajo y que lo hacía bien. Ella, que siempre hubo querido ser médico, fue hasta el final, una madre entregada, buen ejemplo de su generación. Mujer sin mediocridades, sin ser madre, esposa o profesional a tiempo parcial y sin nunca poder darlo todo. Y además, de premio, con un poco más de tiempo para arreglarse, organizar cenas con los amigos o salir de fiesta (eso también me lo dicen también los botones…..). Las mujeres de ahora, nos hemos liberado….nos hemos liberado…..¿nos hemos liberado? La bolsa de botones se ríe de mi.

Lo que no sé es cuantos botones faltan, cuantos realmente fueron de utilidad, cuales se injertaron en otra prenda; la bolsa solo tiene los que nunca llegaron a ver más vida que la foto en la que ahora quedan inmortalizados. Y es que al final, la vida quizás sea solo eso, una enorme bolsa de botones.
PS: Con todo el cariño y agradecimiento a mis hermanas por su tiempo y generosidad. Deshacer una casa y hacerlo bien, es poner un lazo a una familia que ha sido feliz."

Dejo este otro enlace que creo recordar que ya incluí en otra ocasión en el blog

https://www.youtube.com/watch?v=lJN-vVq9mb0

Y este otro https://www.youtube.com/watch?v=ZWRP4KwksWY

Aprovecho para homenajear a algunas mujeres nonagenarias, madres de pacientes. Cuando disponga de las fotos, las cuelgo o me planteo hacer una Entrada en el blog.

5 comentarios:

Elena Batalla dijo...

Podría poner una foto casi idéntica....la dichosa caja de botones estaba en mi casa...de niña jugaba con ellos...y es cierto que evocan muchas cosas del pasado...sobretodo debemos pensar que si hoy tenemos una cierta calidad de vida es por el trabajo y el cuidado con el que nuestras madres ahorraban y administraban lo que había.

En ocasiones,nos damos cuenta,cuando se van,cuando empezamos a echarlas de menos.

Un aplauso y un abrazo a esas mujeres...madres..trabajadoras..cuidadoras...abnegadas..y mil cosas mas,que todavía existen gracias a dios.

Afrontando la lesión medular dijo...

¡Precioso y entrañable mensaje, Elena! Mis hermanas y yo heredamos ese valor del ahorro y la administración y la magia de sacar de dónde no había. A sus hijos, mis sobrinos, les choca un poco hasta dónde éramos capaces de ahorrar.

Y hablando de valores, ¡qué poco fueron consideradas y reconocidas!

Cuento contigo para el juego que se inicia mañana en el siguiente Post. Gracias por tu apoyo.

Afrontando la lesión medular dijo...

Siento mucho haber visto esto con retraso porque ahora está teniendo lugra el funeral en el Colegio de Oviedo del que fuera profesora Sor Carmina.


Colegio Amor de Dios de Oviedo
2 de junio a las 7:28 ·
MISA FUNERAL POR EL ETERNO DESCANSO de sor Carmen Pérez.
El próximo jueves, día 4 de junio, a las 18h. en la Iglesia de San José de Pumarín se celebrará una Misa Funeral por el eterno descanso de sor Carmen.

Anónimo dijo...

Me a llegado muy dentro vuestros comentarios, pues en estos dias que estoy montando mi nuevo piso he querido hacer como un omenaje a mi madre , pues ella como yodas las mujeres de antes sus cosas heran muy especiales.......en septiembre del año pasado vaciamos su casa pues la hemos alquilado pues asi por lo menos estara mejor conservada, guardamos todas sus cosas de cocina y ahora yo lo he puesto todo en mi casa, sus platos y sus vasos y cubiertos y me traen tantos recuerdos.ella tenia sus platos para diario y otros para cuando ibamos todos los fines de semana. .....creo que estaria contenta de ver que le voy a dar provecho.....isa.......maria Angeles no dejes nunca tu bloc porque que no escribamos en el no quiere decir que no lo leamos y además nos hace muchisimo bien un beso grande de andres ...
haa ya le han puesto los dientes. ..

Afrontando la lesión medular dijo...

No sabes lo que me alegra que puedas disfrutar ahora las cosas de tu madre,ya con otra edad y con otra madurez. Entre mis hermas y yo y mies sobrinas tenemos todo distribuído en los lugares más inverosímiles. Hay platos y alguna cosas que a sus nietas les ha gustado conservar. Nadie se quedó sin algo suyo.

Seguro que que a ella le gustaría ver que te sientes bien con sus cosas.

Me alegro que Andrés haya estrenado dientes nuevos. seguro que cuando se adapte se sentirá muy bien.

Por ahora seguiré con el blog pero eso de NUNCA LO DEJES, no se, nunca es una gran compromiso y dedicación . Ya veré lo que doy de mí.

Gracias Isa.