Encontré este relato sobre las reacciones de algunos niños del entorno de Enrique Rodríguez Salinero expaciente del Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo del que ya os hablé recientemente.
https://afrontandolesionmedular.blogspot.com/2023/02/yo-puedo-ayudarte-enrique-rodriguez.html
Lo que en su día nos contó Enrique (de esto hace ya 13 años)
Con una lesión medular alta, C5-C6, y llevados 8 meses desde el alta
hospitalaria del Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, la
vida te brinda un cúmulo de nuevas situaciones y sensaciones, las
cuales vas superando, o intentando superar, para normalizar cuanto
antes, la nueva condición de lesionado medular.
El
camino no ha sido fácil desde mi salida del Hospital, pero gracias a la familia, amigos, pareja, cuidador y
Aspaym Valladolid, todo ha resultado más fácil y llevadero desde la
dificultad que supone el afrontar la vida desde una silla de ruedas.
Una de las preocupaciones o incomodidades que nos encontramos, por lo
menos en mi caso, es ver la reacción que tiene la gente de nuestro
entorno al vernos de repente en una silla. En poco tiempo las
personas adultas normalizan rápidamente esta nueva situación, cosa
que en niños resulta más dificultoso de asumir al ver a una persona
que conocían antes estando de pie y de la noche a la mañana se
encuentra con una gran discapacidad.
En
mi caso voy a contar cómo ha sido la reacción que han tenido cuatro
niños de mi entorno, ante mi discapacidad física visible.
Alba
(5 años) y Hugo (2 años)
Los únicos primos hermanos que tengo, a los cuales quiero muchísimo,
han tenido reacciones distintas ante mi repentina discapacidad. Por
un lado está Alba, la mayor, con una personalidad reservada y
calmada, a la cual le cuesta coger confianza al principio. Hay que
decir también que, tras esa personalidad se esconde una gran
inteligencia. Mis tíos le explicaron, con anterioridad, lo que me
había pasado para que la impresión no fuera tan brusca. Al
principio cuando se produjo el shock de verme en silla de ruedas por
primera vez, cuando fue a Toledo, tuvo una reacción de sorpresa a la
vez que mostraba dudas sobre cómo reaccionar ante mi situación. La
verdad que no sé quien estaba más nervioso, si ella o yo, aunque
traté de disimularlo. Ella al ser una niña inteligente, como dije
con anterioridad, se dio rápidamente cuenta que me encontraba en una
situación verdaderamente difícil y, al ser la primera vez que veía
un caso como el mío, tuvo dudas de cómo dirigirse hacia mí a la
vez que mostraba sentimiento de pena.
Con
el paso del tiempo ha ido "soltándose" a la hora de
dirigirse hacia mí, sabiendo cómo reaccionar en cada momento y
normalizando la situación de forma positiva como si fuera ella una
persona adulta.
Por
otro lado está Hugo, más movido, revoltoso y dicharachero que su
hermana Alba. Decir que al principio lo pasé un poco mal por el
hecho de no poder cogerlo como hacía antes. La primera reacción que
tuvo ante mi fue sorprendente, ya que la discapacidad visible a la
que se enfrentaba no le causó gran impresión sino todo lo contrario, le
causó curiosidad la silla de ruedas sobre la que estaba sentado.
Todo esto podría deberse a su corta edad y al no tener el
conocimiento suficiente de la gravedad del asunto en cuestión.
Actualmente, cada vez que me ve reacciona de manera alegre y, es más, se lo pasa
genial con las cuatro ruedas de la silla, moviéndolas
constantemente. Al paso del tiempo, ha ido cogiendo tal confianza que
una de las cosas que más le gusta cuando me ve es llevarme con la
silla de un lado a otro, eso sí, previa revisión de que los frenos
estén liberados y no frenen la silla.
Claudia
(5 años)
El
reencuentro con Claudia, prima de mi novia Pilar, me hacia suponer
una reacción similar a la de mi prima Alba. Me equivoqué. Claudia
es una niña con mucha personalidad, directa y con decisión a la
hora de decirte lo que piensa de ti. Pues bien, una vez que su padre
preparó el terreno antes de que me viera, ya que era la primera vez
que se "enfrentaba" a una situación como esta, la reacción
al verme fue un drama, ya que no quería verme. huyendo de mi y con
los correspondientes llantos. No quería verme ni en pintura.
Una
vez que fueron pasando los minutos fui acercándome a ella hablándola
para ganarme su confianza. Ella se mostraba todavía incómoda ante
tal situación. Poco a poco, según iban pasando las horas, fue
cogiendo confianza conmigo empezándose a sentir muy a gusto y
pendiente de mi en todo momento. Finalmente, normalizó la situación
rápidamente, hasta tal punto que cantaba canciones conmigo, me daba
de comer e incluso me dedicó unos dibujos en los cuales me habla
dibujado con la silla de ruedas.
Álvaro
(1año)
En
cuanto a Álvaro, sobrino de mis amigas Marta y Ana, es el único de
los descritos hasta ahora que no me había visto antes de tener la
lesión medular, debido a su corta edad.
La
primera reacción al verme fue quedarse inmovilizado mirándome
sentado en la silla. Era una situación completamente nueva a lo que
acostumbraba a ver. Al principio, actuó con la correspondiente
timidez que puede tener cualquier niño de su edad. Poco a poco, fui
ganándome su confianza y él se fue acercando a mi sin miedo. Lo
primero que le atrajo, no sé si lo vio como un juguete, fue la silla
de ruedas. Empezó a tocar e intentar mover las ruedas y la verdad
que le causó verdadera atracción. Seguidamente, ya con toda
confianza, cogió la silla por detrás y empezó a moverme como
buenamente pudo. Le encantó.
Con
el paso del tiempo me comentaban mis amigas que preguntaba por mi.
Los siguientes encuentros fueron más fáciles para él hasta tal
punto que era verme, venir a tocar las ruedas y mover la silla de un
lado a otro.
Gracias, Quique, por compartir estas primeras impresiones tuyas y recoger las impresiones de los niños de tu entorno sobre la lesión medular.