Cuento nº 4 "El Vagabundo"
lunes, 23 de noviembre de 2020
Votaciones Cuentos presentados VIII Certamen
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Cuento nº 5 "Despedidas en tiempos de Covid"
Relatar cómo se produjo tu lesión medular, no es muy habitual. Todos llevamos dentro el doloroso recuerdo de esos trágicos momentos. Lo haré porque existe un sentimiento común, entre muchos lesionados medulares y enfermos graves de coronavirus.
Cuando oigo que los enfermos de covic, mueren sin la compañía de sus seres queridos, no puedo dejar de recordar aquella situación que viví.
Tuve un accidente laboral, en una obra. Perdí la conciencia, cuando la recobré, advertí que tenía roto el esternón, las piernas paralizadas, fractura de escápula, costillas rotas, fractura de tibia y peroné, un golpe en la cabeza que me provocó mareos durante tiempo. Muy malito.
Les parecerá imposible, pero no tenía dolor, era muy consciente de la gravedad, pero no sentía miedo por ello. No era valentía, la adrenalina bloqueaba esas sensaciones.
Pero tenia una desazón terrible, una gran pena, porque pensaba que no podía despedirme de mi familia. Ni transmitirles mi gratitud, sin un adiós, invadido por la tristeza, pedí a mis abatidos compañeros de trabajo un teléfono, realmente fue un gran alivio poder llamar a casa.
Por ello, un acto de humanidad muy importante para mi, es ver que los sanitarios conectan por teléfono los enfermos graves de covic con sus familiares.
Mariano Rivera Calera y Choza (Toledo), 22 de Octubre de 2020
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Cuento nº 6 "Si sonríes a la lluvia, el sol saldrá para sonreír contigo"
Nació en julio y crecía rápido, sus plumas y sus alas cada día más fuertes y bonitas.
Aprendió pronto a volar porque era inquieta y rebelde. Amaba el sol y le ponían triste los días lluviosos.
Le protegía mamá pero poco a poco dejó de escuchar esos consejos que le impedían volar libre y que no conseguía entender bien.
Comenzó a moverse sola por lugares peligrosos, con vientos fuertes que complicaban sus vuelos. Se magullaba a menudo contra árboles y edificios, sus alas se dañaban y no se ocupaba de repararlas, era fuerte y podía seguir volando.
Pero empezaron a agobiarle las mismas rutas, las que recordaban el dolor de cada golpe. Decidió irse lejos, cerca del mar, era un gorrión con alma de gaviota.
No imaginaba que el golpe allí iba a ser tan fuerte, sus alas se quebraron para siempre.
Tuvo que regresar, junto a los suyos el sufrimiento sería menor. Supo que no podría volver a volar, pero también descubrió que con el agua de esa lluvia que nunca le había gustado, podía limpiar las heridas, las nuevas y las que habían cerrado en falso y aún supuraban pus.
Empezaron a formarse cicatrices, algunas muy visibles pero tan bien curadas y tan fuertes que parecían dibujadas, como tatuajes.
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Cuento nº 7 "El don del viejo Andrés"
Había una vez un anciano que vivía en un pueblo de La Mancha. Se llamaba Andrés y decían que siempre había sido viejo. La señora Julia, que superaba la centena, no se sabía en cuanto, lo corroboró incluso en un programa de la televisión autonómica con estas palabras:
“Si, si hija. El señor Andrés ya era anciano cuando yo iba a la escuela. Así es. Sí”.
Quizá para contrarrestar esa peculiaridad, la vida había dotado al viejo Andrés de otra igual de extraordinaria: aliviaba el corazón de la gente. Los del pueblo acudían a él cuando la vida los llevaba a situaciones de esas que se parecen a un cruce de caminos sin salida. Mujeres y hombres, pobres y ricos, escépticos y creyentes, todos lo que hablaban con él, sentían desahogo y consuelo según iban describiendo su encrucijada. Decían que el viejo veía con claridad ese sitio, lleno de niebla, en el que todos hemos estado alguna vez. Lo hacía dejando hablar, esforzándose por entender el matiz que cada hablante da a cada palabra. Eso era todo. Una vez más la señora Julia lo confirmó:
“Así es hija mía, el viejo Andrés sabía escuchar como nadie”.
(A mis compañeras, a las que ni he sabido ni sé escuchar como es debido).
Sol Villanueva Hospital de Parapléjicos, 22 de Octubre de 2020
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Cuento nº 8 "El Cambio"
Pablo está frustrado y con ganas de estudiar pero su padre, alcohólico y egoísta, le obliga a trabajar para traer dinero a casa. Escapa corriendo y sin mirar atrás. “¡Lo siento, pero necesito vivir mi vida!”, dice sollozando.... Cuando llega a la estación, usa su carnet falso para irse a Madrid. Trabaja durante dos años precariamente, pero con fuerza de voluntad para pagarse la universidad: estudia Psicología.
Vuelve a su pueblo para visitar a su hermano pequeño, quien le echa de menos. Pablo promete volver a buscarlo y se va triste por el enorme egoísmo de su padre.
En la universidad, Pablo conoce a Olivia. Le entiende y conectan muy bien. Pasan los años y vuelve para recoger a su hermano. Se dan un abrazo emotivo y acuerdan vivir juntos para recuperar el tiempo perdido. Su hermano también estudia Psicología y se asocian para crear una clínica.
Un día cualquiera viene una persona muy importante a la clínica: su padre. Se quedan estupefactos, petrificados. Observan que ha cambiado : ha ido a rehabilitación. Está trabajando, tiene pareja, es más humano, menos egoísta.
Los chicos se dan cuenta de que le añoraban y le invitan a entrar de nuevo en sus vidas.
Martín Dominguez (13 años) Málaga, 22 de Octubre de 2020
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Cuento nº 9 "Carandirú"
Sala de visitas de presos en Carandirú. Con la frente perlada, el abogado nota cómo el sudor resbala abundante por su espalda. Sentado frente a su cliente, observa asombrado cómo puede ser él quien suda a mares. Debería ser al revés.
Está adiestrado para defender a quien le contrata, sin cuestionarse nada más. Esta vez no sabe si será capaz. Frente a sus ojos, los de un psicópata. Alguien capaz de arrasar miles de hectáreas de bosque amazónico: incontables especímenes de fauna y flora que tímidamente trataban de sobrevivir en su cada vez más reducido paraíso.
El alma del prestigioso letrado se debate agónicamente entre el deber de defender a su cliente y sus firmes convicciones de proteger la exuberante naturaleza de su tierra.
Y encima no hay resquicio de remordimiento en esos ojos.
Todo tiene un límite: sin mediar palabra, se levanta para alejarse sin mirar atrás. Adiós a su carrera. Probablemente sus compañeros jamás comprendan su decisión, pero no son ellos los destinados a vivir en su pellejo hasta el fin de sus días. De nuevo al aire libre respira aliviado, podrá dormir por las noches y mirarse al espejo sin sentir náuseas.
Elena Vila Málaga, 22 de Octubre de 2020
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Cuento nº 10 "Otra cara de la pandemia"
Los delfines no dan crédito. Sus abuelos contaban que hubo un tiempo en que ningún barco con motor cruzaba sus aguas. Los jóvenes pensaban que seguramente chocheaban, porque desde el día en que ellos nacieron no podían recordar ni un solo día sin ese "runrún" maldito por todas partes. Son su mayor pesadilla. Los veleros los toleran: en definitiva tienen aletas como ellos, no hacen ruido ni contaminan. Pero los barcos a motor son abominables y los delfines no conciben que sus ancestros hayan conocido una vida sin ellos.
Algo muy raro ha debido pasarles a los humanos porque casi han desaparecido de la faz del agua. Así, zas, sin previo aviso. ¡Una bendición!. Domina un silencio reconfortante, interrumpido solamente por sonidos puramente del mar: una ballena cantando, los dialectos de los moluscos, en fin... el mundillo submarino. Cuando los delfines se acercan a la superficie para respirar, notan que también han desaparecido las enormes embarcaciones del aire. ¡Qué gozada!.
El agua está extraña: limpia, cristalina, huele mejor. Flota una energía distinta: todo el mundo más animado, vital, optimista…, una sensación general de que todo va a mejor.
Curiosa la vida: da un vuelco en el momento más inesperado.
Elena Vila Málaga 22 de Octubre de 2020